Las hemorragias articulares (hemartrosis) son las manifestaciones más típicas de la hemofilia. Cuando las hemartrosis son frecuentes y/o intensas, la membrana sinovial no es capaz de reabsorber toda la sangre. Para compensar tal deficiencia reabsortiva la sinovial se hipertrofiará, dando como resultado lo que se denomina sinovitis crónica hemofílica.

La mejor forma de evitar hemorragias articulares, o al menos disminuir su intensidad, es mediante un tratamiento hematológico profiláctico (profilaxis primaria).

HEMARTROSIS:

El paciente generalmente siente la hemorragia como una sensación de ardor en la articulación. La articulación se inflama, se pone tensa, caliente, dolorosa y la piel toma un color rojo vivo. La articulación afectada se mantiene en una posición de flexión antiálgica con movilidad dolorosa y limitada. En función de la intensidad de éstas manifestaciones (calor, dolor y limitación funcional) la hemorragia será más o menos grave.

Tratamiento:

  • Tratamiento sustitutivo con factor VIII
  • Aplicar hielo
  • Guardar reposo
  • Analgésicos apropiados
  • Aspiración de la articulación en los casos muy graves.

Los objetivos del tratamiento son evitar la artropatía, mantener un grado adecuado de movilidad articular, controlar la recurrencia de hemartrosis, y si es posible, recuperar la función articular.

Una vez finalizada la fase aguda del hemartros se pasará a una rehabilitación supervisada.

Tras un número de hemartrosis se produce una fibrosis de la membrana sinovial, la degeneración y desaparición del cartílago articular, la erosión e incongruencia de las superficies de los extremos de los huesos, en resumen, la artropatía hemofílica evolucionada, que va a cursar con anquilosis, dolor crónico, desviación del eje del miembro, atrofia muscular y dificultades para una movilidad normal.

hemartrosis