Inicio 5 Sin categoría 5 HEMARTROSIS: causas y tratamiento fisioterapeútico

Podemos definir la hemartrosis con una hemorragia que se produce en una articulación, causando inflamación y dolor articular. Ésta puede surgir tras una cirugía o sin alguna causa aparente, como pasa en la hemofilia.

Tras esto se produce una pérdida de movilidad en la articulación, sobre todo a nivel de flexión, así como un proceso de debilitación de la musculatura periarticular. Es aquí donde empieza a actuar el campo de la fisioterapia.

Las causas que pueden generar una hemartrosis son las siguientes:

  • Trastornos de la coagulación.
  • Déficits neurológicos.
  • Artritis y osteoartritis.
  • Cirugía.
  • Fractura ósea cerca de una articulación o de alguno de los huesos de la articulación
  • Daños vasculares (como vasos sanguíneos rotos).
  • Rotura de la membrana sinovial por traumatismo.
  • Esguince de ligamentos con rotura de la membrana sinovial.
  • Rotura de ligamentos cruzados.
  • Tumores de la membrana sinovial.
  • Ruptura de ligamentos cruzados.
  • Tumor de la membrana sinovial.
  • Lesiones pseudotumorales, como sinovitis villonodular pigmentada.
  • Hemofilia.
  • Mielopatía (afección crónica de la médula espinal).
  • Complicaciones de tratamientos anticoagulantes.

El tratamiento de una hemartrosis dentro del campo de la fisioterapia comienza con una evaluación de la articulación para ver qué tratamiento/os son más factibles para su recuperación.

Si aún existe inflamación en la zona, se puede comenzar con un tratamiento de crioterapia en reposo, pequeños movimientos de la articulación y una pequeña compresión en la zona que aumente la reabsorción del proceso de inflamación.

Tras esto, y para compensar la pérdida de fuerza y masa muscular que se ha podido producir por el reposo, se pueden comenzar con una tabla de ejercicio terapéutico basado en contracciones isométricas de toda la musculatura periarticular. Se puede proseguir añadiendo movimiento a los ejercicios que no supongan un estrés excesivo a la articulación.

La recuperación debe hacerse siempre acorde con el tipo de articulación, con los tipos de ejercicios y el tipo de tratamiento elegido. Además, se pueden utilizar otras técnicas como es el ultrasonido o la electroestimulación localizada.

José Manuel Labao López

Fisioterapeuta – Asociación Andaluza de Hemofilia

 

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